EL NEGOCIO DE LA ATENCIÓN : ¿SOMOS PERSONAS O PRODUCTOS?
Directora de Investigación en Expansión Ibero Laguna
Nuestra atención tiene precio, nuestro tiempo, también, esto puede parecer abstracto, pero también tiene una explicación económica. Hoy, la atención, el tiempo y la información de las personas se han vuelto recursos capaces de generar valor para las empresas. The Truman Show, película de 1998, es el ejemplo perfecto: una vida convertida en contenido, historia de una vida, vendida como entretenimiento.

Desde una perspectiva económica, el programa puede analizarse como un mercado; Truman es el contenido que se ofrece, los espectadores son la demanda y la empresa productora es el agente que organiza los recursos para producir el espectáculo. Sin embargo, existe un elemento todavía más importante: la atención de los espectadores, la empresa no solamente vende un programa; lo utiliza para conseguir algo que tiene un valor económico mucho mayor : el tiempo y la atención de los consumidores.
Esta idea se relaciona con la “economía de la atención”, concepto asociado inicialmente con Herbert Simon, quien en 1969 señaló que la abundancia de información genera escasez de atención. (Aldea, 2024). Mientras más información y entretenimiento existen disponibles, más difícil resulta que una persona se concentre en un contenido específico. Así, este recurso se vuelve escaso y, como ocurre con cualquier recurso escaso, adquiere valor económico.
El funcionamiento económico de Truman Show puede entenderse mediante una cadena muy sencilla: la vida de Truman genera contenido, el contenido atrae espectadores, los espectadores generan atención y esa atención permite vender publicidad. De esta manera, la atención de las personas se convierte indirectamente en dinero; el programa necesita mantener a los espectadores interesados ya que una audiencia más grande implica un espacio publicitario más valioso.
El valor no necesariamente está en el producto, sino en la atención que el producto consigue. Este principio resume la relación entre la oferta, demanda y publicidad, la empresa ofrece entretenimiento, los consumidores demandan contenido interesante y, mientras más personas quieran consumirlo, mayor será su capacidad para atraer anunciantes. Así, la atención de los espectadores se convierte directamente en ingresos publicitarios.
Esta lógica se puede trasladar directamente a la economía digital, Truman Show ya no se trata de ficción, nos pasa todos los días. Meta, la empresa dueña de Facebook e Instagram obtuvo en 2025 ingresos por $200,966 millones de dólares, de los cuales el 97.6%, cerca de $196,175 millones provino exclusivamente de publicidad.
Tú no pagas por usar estas plataformas porque tú no eres el cliente, eres el producto que se les vende a las empresas que sí pagan; cuando utilizamos una plataforma digital, generamos datos sobre nuestros gustos, intereses, búsquedas, hábitos y comportamientos. La escala de esto es difícil de imaginar, solo Meta procesa, en promedio, la actividad diaria de 3,580 millones de personas. (Meta Platforms, 2026). Entre más precisa sea la información disponible, mayor puede ser la capacidad de una empresa para ofrecer productos específicos a determinados grupos de consumidores.
De esta manera, la información se convierte en un factor que puede contribuir a la creación de valor. En The Truman Show, hasta los momentos más íntimos de Truman son, en realidad, publicidad disfrazada; un viaje, una comida, una rutina diaria o una crisis emocional pueden convertirse en contenido patrocinado, y el influencer utiliza tu atención y la de millones como un activo que ofrece a las empresas.
No es un negocio menor, el marketing de influencers movió cerca de 32,000 millones de dólares en 2025. (Cruz J, 2025). La empresa obtiene acceso a consumidores potenciales, el creador recibe una remuneración, y tú recibes contenido que se siente auténtico, aunque en realidad ya tiene un precio. Sin embargo, existe un costo que no aparece nunca en las ganancias: la privacidad, esta situación permite introducir el concepto de externalidades y costos sociales. Suma total de lo que la sociedad sacrifica sin que nadie se lo cobre directamente.
Desde la perspectiva de la empresa, transmitir la vida de Truman es rentable porque genera ingresos; los espectadores ganan entretenimiento. Truman, en cambio, pierde lo único que no tiene un precio: su libertad para vivir sin ser observado. The Truman Show permite cuestionar si todo aquello que puede generar un valor en el mercado debería necesariamente ser comercializado. Que exista una demanda no significa automáticamente que la actividad sea ética; económicamente , el hecho de que algo tenga un precio no significa que todos sus costos estén incluidos en él, a esto se le conoce como una falla de mercado. Entre esos costos ocultos están la pérdida de privacidad, la exposición constante y la presión por producir contenido de forma continua.
Truman tuvo que escapar de un mundo construido para observarlo; nosotros, en cambio, entramos voluntariamente a ese mundo cada vez que compartimos nuestra vida, entregamos nuestros datos y dejamos que nuestra atención sea capturada. La pregunta ya no es si nuestra vida puede convertirse en un producto, sino cuánto de nuestra vida estamos dispuestos a vender antes de darnos cuenta de que dejamos de ser el consumidor y nos convertimos en la mercancía.
Referencias Bibliográficas
Aldea, A. (2024) - Economía de la atención. Cuadernos de periodistas: Revista de la Asociación de la Prensa de Madrid, (48), 57-59.
Caro, A. (2014) - Comprender la publicidad para transformar la sociedad. Cuadernos. info, (34), 39-46.
Cruz, J. (2025, julio) - México, potencia emergente del influencer marketing. El Financiero.
Meta Platforms, Inc. (2026, enero) - Meta reports fourth quarter and full year 2025 results. https://s21.q4cdn.com/399680738/files/doc_news/Meta-Reports-Fourth-Quarter-and-Full-Year-2025-Results-2026.pdf
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Correo electrónico: ibero.tor@investigacion-imefu.com






Wow! Súper interesante cómo The truman show refleja una realidad que vivimos todos los días en las redes sociales. Muchas veces no somos conscientes de que nuestra atención, nuestros datos y hasta nuestra vida privada tienen un valor económico. Debemos ser más conscientes de la información que compartimos.